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Casa Llena

Una afición para toda la vida

Antonio Canseco

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A la memoria de mi padre Morelos Jaime Canseco González

“Vendrá la muerte y tendrá tus ojos"

Cesare Pavese

Hace unos días falleció mi padre, no obstante su longeva y fecunda vida y la lucidez que siempre y hasta el último de sus días le acompañó y el hecho de quien les escribe sea un hombre adulto, formado y que a su vez ha tenido el priviliegio de formar una familia; lo acontecido, resulta ser un trago amargo y difcil de sortear. Hoy por esa poderosa razón querido lector, he decidido escribir este artículo en memoria y recuerdo de mi padre, de su trascendente existencia y en agredecimiento a las incontables lecciones recibidas.

Cuando era un pequeño niño apenas con uso de razón, no más allá de los cinco años, mi padre me pidió que le fuera al mismo equipo de futbol al que él le iba por una importante razón familiar que yo por supuesto a esa edad desconocía. Yo que tenía hermanos más grandes, decidí antes de aceptar su propuesta comentarle a mis hermanos lo que mi padre me había planteado. Ellos seguramente, más en broma que en serio, me dijeron que su equipo era muy malo, de los peores y que le pidiera dinero a cambio de irle a su equipo. Yo sin ninguna malicia y menos aún, sin reflexionar al respecto, simplemente le transmití a mi padre mis condiciones. Mi padre tras escucharme se sonrió, tomó una hoja de papel y de inmediato hizo un pequeño contrato por la flamante suma de 50 pesos que me convertía en aficionado a perpetuidad del Club de Futbol Monterrey. Acto seguido el acuerdo se firmó, recibí mi pago y me incorporé desde ese momento a las filas de los Rayados.

Mi padre bien sabía lo que hacía, yo tardé algunos años en entenderlo y después agradecerlo, pues ese pacto formal que hicimos fue más allá del juego de futbol y de un equipo, nuestro querido equipo. Ese acuerdo y lo que vino después gracias a su cercanía, me unió a mi padre, me permitió durante los siguientes 48 años admirarlo, conocerlo y aprender de la vida a su lado, simple y sencillamente, ese pequeño papel me aficionó a él. Y debo decirlo, porque así fue, a su lado la vida me resultó mucho más sencilla, pues invariable e incondicionalmente me brindó su conocimiento y cariño, pero a la par y también se lo agradezco, fue siempre crítico y exigente respecto de mis conductas y acciones.

Un par de años después de mi flamante y anónima contratación, también me inició en el conocimiento del béisbol, que a la postre se convertiría en uno de mis mayores gustos y diversiones al invitarme por primera vez a un juego de béisbol. Ese grato recuerdo tuve a bien relatarlo en el artículo “¡Llévame al parque de pelota!” del pasado 22 de junio de 2021. Aquel día de primavera del año 1976 fue para mi el inicio de un largo y fructífero aprendizaje respecto al llamado 'Rey de los Deportes', un aprendizaje y conocimiento del juego que sin lugar a dudas amplié y perfeccioné gracias a mi padre. Si de algo estoy plenamente seguro el día de hoy, es que continuaré disfrutando del béisbol, pues en efecto hay aficiones que definitivamente son para toda la vida.

Fue él quien me enseñó a llevar las anotaciones de un juego de béisbol, su trabajo, sus largas jornadas de labor, su tarea de legislador y servidor público a las que se entregó con convicción, inteligencia y patriotismo le impedían seguir las incidencias de las Ligas Mayores cómodamente sentado frente a la televisión de la casa y en razón de ello, me confirió a mí esa tarea. Juegos de postemporada y Series Mundiales seguí paso a paso con cuaderno en mano, para dejar al término del encuentro en su buró saturado de libros y más libros, las acciones del juego que se había perdido y que yo brevemente y a la carrera le comentaba con la mayor elocuencia y fidelidad posible mientras se rasuraba o bañaba antes de irme a la escuela a la mañana siguiente.

Cuando empecé a jugar béisbol, no era ni el más malo del campo ni el mejor, tuve que esforzarme mucho por razones de talla y peso para empezar a destacar y si bien mi padre no pudo enseñarme a lanzar y atrapar la pelota, sí me transmitió todo su vagaje y amplio conocimiento del juego. Me enseñó a pensar y anticipar jugadas, lanzamientos, a dominar las acciones y a saber decidir y ejecutar, algo que cambió significativamente mi rendimiento en el campo.

Fue también mi padre al ver mi gusto y pasión por el juego de pelota al final de la década de los años 70, ya cuando esta vez por mí mismo había escogido un equipo quien me introdujo al béisbol del pasado; gracias a él conocí las carreras de Ruth, Gehrig y Dimmagio y las de otras leyendas del diamante que vio y disfrutó en las décadas de los años treinta, cuarenta y cincuenta tanto en su natal Tampico, como en la Ciudad de México. Fue él quien por primera vez me habló de destacados lanzadores como Bob Feller, Sandy Koufax y Bob Gibson e incluso las hazañas de quien fue su amigo, el primer y único mexicano en ganar un campeonato de bateo de la Liga Americana, el veracruzano Roberto “Beto” Ávila.

Apreciar un juego de béisbol junto a mi padre fue una lección de principio a fin, cansado de las tediosas narraciones de los juegos por televisión que poco o nada aportan y menos aún dan seguimiento puntual al juego, solíamos ver gran parte de los juegos sin sonido y entonces no sólo de béisbol aprendía, pues gracias a su prodigiosa memoria iba y venía con ideas y pensamientos de política, de libros, de cine y música, de conocimientos legales, especialmente los relativos al derecho del trabajo, para luego regresar al juego y seguir con el béisbol.

A lo largo de mi vida dentro y fuera del juego de béisbol he tenido muy pocos managers y jefes, de todos ellos, ninguno tan cerebral, inteligente y decidido como mi padre. Fue un privilegio ser y formar parte de sus equipos, de sus tareas, de sus deberes y quehaceres. Un continuo aprender y disfrutar, que me deja el compromiso y la obligación de preservar su legado y de sacarle fruto a todo lo aprendido.

El pasado mes de noviembre acudí una vez más a mi padre, para pedir su consejo y opinión respecto a un proyecto laboral por emprender, tras escucharme con atención, me dio su opinión y me hizo un par de sugerencias que mucho valoro y que ahora en su ausencia me compremeten más a desarrollar y cumplir ese proyecto con entuasiamo e inteligencia; tal y como me lo sugirió por mi bien y el de los míos. 

Al término de la plática y sin que yo me lo esperara, mi padre me dijo "Oye, no por hacer eso vayas a descuidarme la columna", fue algo tan espontáneo y natural que francamente me sorprendió y tan no lo esperaba, que simplemente le contesté en automático y sin hacer mayor reflexión al respecto: "No papá, claro que no", le dije antes de despedirme como lo hice innumerables veces a largo de su vida. Hoy esas palabras alentadoras a mis escritos, tienen ya para mi otra dimensión y sentido y por extraño que parezca, me acompañan mientras esto escribo.

Me queda claro que la vida sigue y seguirá con alegrías y tristezas, con salud y enfermedad, con prosperidad y adversidades, con retos y desafíos por enfrentar y cumplir. Desde luego que eso incluye la mía, por ello y pese a la tristeza y el vacío que provoca la ausencia de mi padre, con enorme orgullo doy gracias por su vida, por su ejemplo, por su inteligencia y talento, por su incansable deseo de conocer y aprender, por su honestidad, convicciones y patriotismo, por su lealtad y militancia política, por su oficio, disciplina y trabajo, por haber sido un hombre de bien que dejó huella en todos los campos y arenas que pisó, por haber sido un hombre de familia, un hombre íntegro, un padre, abuelo y bisabuelo ejemplar, al que le estaré eternamente agradecido por todo, por todo ello y por haberme regalado una afición... ¡Una afición para toda la vida!

CÍRCULO DE ESPERA

De un momento a otro sabremos el resultado de las votaciones de la prensa especializada para definir a los nuevos miembros del Salón de la Fama del Béisbol. Cabe recordar que el año pasado ninguno de los jugadores que estuvieron en la boleta lograron el número necesario de votos para ingresar a Cooperstown. 

Pese a que tendré tiempo y espacio para comentarlo en otra entrega, esta vez voy a arriesgarme y darles mi vaticinio. Tras 10 años en la boleta y en su último año de elegibilidad, el lanzador Roger Clemens y jardinero y bateador de poder, Barry Bonds, lograrán envueltos en gran polémica y gracias a la debilidad de los electores, un lugar en el Salón de la Fama del que son indignos merecedores por el uso de la hormona del crecimiento y anabólicos durante un tramo de sus importantes carreras. 

Por su parte Latinoamérica sumará un jugador más en el Salón de la Fama con la llegada de David Ortiz, gran bateador designado de los Medias Rojas de Boston y que iniciara su carrera en Minnesota. El dominicano (que por primera vez está en la boleta) se verá favorecido de la polémica decisión ya comentada y recibirá los votos suficientes para convertirse en miembro de ese selecto grupo de estrellas del béisbol. No correrá la misma suerte su ahora compañero de transmisiones y también debutante en la boleta de jugadores por elegir, Alex Rodríguez, quien me imagino que no se sentirá molesto ni angustiado respecto a su futuro, siempre y cuando Bonds y Clemens lo consigan con las tremendas máculas que cuentan sus historiales. Séptima Entrada

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