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Casa Llena

El cine mexicano y la Liga Mexicana de Beisbol

Antonio Canseco

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“Todo a su temporal y con buenas maneras”

Germán Valdés “TinTan"

Es de llamar poderosamente la atención la comunión y convivencia que existió entre el cine y béisbol en México, especialmente en aquellos años en que ambas actividades vivieron nacional y mundialmente su mayor esplendor y gloria. Para quienes no tuvimos la dicha o el privilegio de vivirlo, no sobra decir, que el cine y beisbol que se produjeron en México en los años 30, 40 y 50 del siglo pasado fueron de excepción y lograron construir en gran medida la cultura popular del país en esa época, además de brindar entretenimiento de calidad y diversión a las generaciones que nos precedieron.

Curioso también resulta y digno de un análisis más profundo, que ambas industrias sin chimeneas pese a no gozar en las últimas décadas de condiciones favorables, continúan generando talento y orgullo a México. Un talento al que le quedó chico el nivel de competencia deportiva como en los casos de Aurelio Rodríguez, Fernando Valenzuela, Teodoro Higuera, Vinicio Castilla, Adrián González, o los actuales y vigentes Julio Urías, Giovanny Gallegos, Luis Cessa, Ramón Urías y Luis Urías por tan solo mencionar algunos de nuestros compatriotas que han logrado establecerse en el mejor béisbol del mundo, o como en el caso de las brillantes y exitosas carreras de los directores de cine Alfonso Cuarón, Guillermo del Toro y Alejandro González Iñárritu, además del cinematógrafo Emmanuel Lubezki, cuyos trabajos, historias, capacidad creativa y de producción e impecable fotografía han dado la vuelta al mundo y podido llegar a un mayor número de espectadores debido al hecho de que decidieron migrar para evitar trabajar casi en la clandestinidad como por algún tiempo les ocurrió cuando lo hacían en nuestro país. Sin embargo, cierto es, que su labor y talento ya habíaquedado de manifiesto en sus primeros y localestrabajos: Cuarón(Sólo con tu pareja), Del Toro (Cronos) y González Iñárritu (Amores perros) y Lubezki (Como agua para chocolate).

Querido lector, no pretendo hacer en esta entrega un estudio sociológico, es más, no estoy calificado para ello, simplemente que al ir y venir en el tiempo y los recuerdos he podido detectar las vidas paralelas que han tenido el béisbol y el cine en nuestro país, por lo que consciente de ello, habré de continuar mi relato sin mayor pretensión que mostrarles en un afán meramente recreativo, de nostalgia e infinito gozo el México que alguna vez fuimos y al que yo tuve acceso como muchos de ustedes gracias a los libros, los periódicos, las revistas y mayormente las películas que tuvimos en suerte apreciar y disfrutar en el entorno familiar, es decir, elementos documentales hoy poco recurridos, pero aún al alcance de la mayoría de nosotros.

Cuando se habla de buen béisbol en México sin menospreciar otras épocas y momentos, incluido el actual que es bastante prometedor, el punto más alto y destacado se dio en los años que la discriminación racial evitó que los jugadores afroamericanos pudieran llegar a las Grandes Ligas, ese fue un tiempo de grandes equipos, jugadores y managers donde el nivel de los encuentros fue incluso de mayor calidad que el se desarrollaba en las Ligas Mayores, especialmente en los años que tuvo lugar la Segunda Guerra Mundial. En esas temporadas de renombre el béisbol fue el deporte profesional más seguido en nuestro país, era la gran pasión deportiva de los mexicanos e incluso el presidente Miguel Alemán Valdés asistía al juego inaugural de la temporada para realizar el tradicional lanzamiento de la primera bola, es más, fue tal la importancia del béisbol en México que con excepción de los informes presidenciales las únicas transmisiones a control remoto que hizo la incipiente televisión mexicana fueron precisamente encuentros de béisbol que tenían lugar en el Parque Delta de la capital del país.

Aquí con total libertad y sin odio por su color de su piel jugaron su mejor béisbol estrellas de la talla de Joshua Gibson considerado el mejor receptor de todos los tiempos, James “Cool Papa” Bell, Ray Dandridge, Leon Day, Monte Irvin, Satchel Paige, Willie Wells, Hilton Smith, Willard Brown, Burnis “Wild Bill” Wright, Roy Campanella, además de una pléyade de jugadores cubanos que encabezó Martín Dihigo, pero donde también hicieron su propia historia Napoleón Reyes, Adrián Zabala, Roberto Ortiz, Salvador “Chico” Hernández, Tomás de la Cruz, Claro Duany, Lázaro Salazar, Basilio “El Brujo” Rossell, Ramón Bragaña, Adolfo Luque, Santos Amaro, Agustín Bejarano, Luis Tiant padre, Manuel “Cocaína” García y los managers Armando Marsans y Agustín Verde. Por si fuera poco otro importante grupo de jugadores y estrellas nacidas en México también participaron en esa época de gloria y esplendor como el gran Ángel Castro, Epitacio “La Mala” Torres, Roberto “Beto” Ávila, Jose Luis “Chile” Gomez y los lanzadores Jesús “Cochihuila”Valenzuela y Alberto Romo Chávez.

Fue tal el nivel y calidad del juego que incluso algunas de las estrellas de las Ligas Mayores de tez blanca y origen anglosajón vinieron a jugar en busca de losgrandes salarios, el reconocimiento popular y el nivel de vida que ofrecía a manos llenas con sus especiales encantos y persuación el empresario y gran seductor que fue Jorge Pasquel, circuntancias que además de desatar la guerra con las Ligas Mayores permitieron la llegada a México de jugadores de la talla de Fred Martin, Mickey Owen, Sal Maglie, Roy Zimmerman y Max Lanier por tan sólo mencionar algunas de las figuras con que contó la Liga Mexicana de Béisbol en aquellos años.

Con esas demostraciones de talento y profesionalismo nuestro béisbol abarrotó los parques de pelota, generó interés, afición, pasión y rápidamente traspasó las barreras del campo de juego, provocando que aquellos jugadores se convirtieran en celebridades que eran respetadas, aclamadas y seguidas por los aficionados; sus vidas, sus romances, su forma de vestir y actuar, sus rutinas y hasta la forma en que se divertían y paseaban en las noches fue plenamnete sabida e imitada; el béisbol tomó entonces presencia social y se integró a la cultura popular de los mexicanos; muestra inequívoca de ello fue la forma en que el cine adopotó ese pasatiempo y deporte como parte de la narrativa de las historias que contaba y proyectaba en las pantallas.

Y si he sido capaz de mencionar a las más destacadas estrellas del béisbol que dieron lustre a nuestra Liga, en reciprocidad es de elemental equidad hacer lo propio con los exponentes más significativos del cine mexicano; en mi opinión ninguna lista puede ser elaborada sin contar con la presencia en primerísimo lugar del enorme actor que fue don Fernando Soler, el más grande y completo de su época, una especie de “Martín Dihigo” pero del celuloide, y donde también tienen un lugar de excelencia y reconocimiento sus hermanos Andrés, Julián y Domingo, toda una dinastía de histriones que dieron lustre a nuestro cine y a la par de ellos y también necsarios de ser mencionados el versátil Joaquín Pardavé, los primeros actores Pedro Armendáriz, Arturo de Córdova y por supuesto nuestros más grandes ídolos de la pantalla e incluso“alter egos” Jorge Negrete y Pedro Infante.

Pero nuestro cine también fue pródigo en directores como Emilio “El Indio” Fernández, Alejandro Galindo, Juan Bustillo Oro, Gilberto Martínez Solares y Miguel M. Delgado, Luis Alcoriza, Ismael Rodríguez, Roberto Gavaldón, Fernando de Fuentes, Luis Buñuel y Julián y Domingo Soler que también dieron cátedra detrás de las cámaras, el gran cinematógrafo Gabriel Figueroa y por supuesto las glamorosas y grandes estrellas de nuestro cine: Dolores del Río, María Félix, Gloria Marín, Marga López, Silvia Pinal y por supuesto la abuela adoptiva de todos doña Sara García. En la comedia no pueden faltar los actores de reparto y guionistas Carlos Orellana y Oscar Pulido que tantas carcajadas provocaron a los espectadores en la oscuridad de sus butacas y por su puesto los más notables y destacados cómicos que haya dado el cine mexicano: Mario Moreno “Cantinflas” y Germán Valdés “Tin Tan” gente del pueblo, que reflejaba su sentir y forma de ser y cuya identificación fue instantánea y permanente.

En la larga y distinguida filmografía de nuestro cine de aquellos años de la época de oro, el béisbol tuvo presencia en infinidad de filmes de manera secundaria y el rol protagónico en algunos otros, mi misión ahora es recordar esa presencia, esa convivencia, esa unión que reflejaba y evocaba desde mi punto de vista un estado de ánimo, una forma de ser y de vivir, que mostraba una vida más pausada, formal, pero divertida, muy distinta a la que nos ha tocado vivir en suerte en la primera parte del siglo XXI. Así que: “¡Luces! ¡Cámara! ¡Acción!”

En 1941, el director Alejandro Galindo en su notable y distinguida. “Ni sangre, ni arena” que lanzara a Cantinflas al estrellato y que contara con las actuaciones de gran villano Miguel Inclán y de Pedro Armendáriz se hizo una referencia al beisbol, como símbolo de modernidad, pues el personaje que representaba Armendáriz, un junior de la alta sociedad que provenía de los Estados Unidos practicaba el béisbol.

En 1948 el mismo director en su película “Hay un lugar para …dos” que contó con la actuación de David Silva, tenía como personaje protagónico a un chofer de una línea de camiones urbanos que era jugador de béisbol del equipo de la empresa y que incluso en uno de los encuentros había conectado un jonrón que ameritó una fiesta.

Así brevemente, hizo su debut el béisbol en el cine, pero fue el gran Germán Valdés “TinTán” quien lo puso en primerísimo lugar en sus películas, por primera vez en la película “No me defiendas compadre” (1949) dirigida por Gilberto Martínez Solares y en la que el gran pachuco al iniciar la película se muestra como el pitcher del equipo de la penitenciaria que es apaleado por el equipo contrario, resultado de ello y por el desprestigio causado, las autoridades del penal deciden dejarlo en libertad dando con ello inicio una serie de enredos y desenredos con el ánimo de regresar al equipo y a la cárcel en los que su abogado (Marcelo Chávez) es pieza fundamental.

Un año después, en 1950 en la película “Azahares para tú boda” bajo la dirección de Julián Soler, para mi una de las mejores películas del cine mexicano, nuevamente hay un guiño hacia el denominado Rey de los deportes. En esa entrañable historia que hace una radiografía de las familias de clase media mexicana de la época, el personaje de Joaquín Pardavé (Botros Slim) el amigo incondicional de la familia ya envejecido y fracasado en el amor juega con los niños del barrio un partido de béisbol la víspera de una navidad.

En 1951, en el momento de mayor y creatividad de “Tin Tan” el béisbol vuelve a estar presente en la película “El revoltoso” (Gilberto Martínez Solares) para muchos la mejor de las que realizara el gran pachuco; en esa historia prácticamente imposible de narrar por los constantes accidentes y cambios que tiene la trama, TinTán se encuentra imaginariamente jugando béisbol en una recámara, imagina que conecta un batazo y precisamente en ese instante un vidrio de la habitación se rompe por el impacto causado por una pelota de béisbol de niños que juegan en la calle.

Al año siguiente (1952) se daría la película más significativa en materia de béisbol del cine mexicano, “El beisbolista fenómeno” de Fernando Cortés con las actuaciones de Adalberto Martínez “Resortes” y Oscar Pulido, en ella se relata la historia de un lanzador de época ya fallecido cuyo espíritu no puede descansar porque desea cumplir un sueño deportivo no logrado en vida, lanzar un juego sin hit ni carrera, ese espíritu toma el cuerpo de un vagabundo (Resortes) con el propósito de cumplir ese logro deportivo. La película contó también con la presencia de un importante grupo de peloteros de la época como Ramón Bragaña y Lázaro Salazar.

Para aquel entonces el béisbol era ya una constante en las películas y los artistas de la época encabezados por el mismísimo TinTán, -siempre entusiasta y divertido- organizaron y dieron forma a la realización de juegos de exhibición con la presencia de actores y jugadores, esa tradición que por largos años tenía lugar en el día de trabajo en el Parque Delta y posteriormente en el Parque del Seguro Social hizo reír a varias generaciones de aficionados gracias a la presencia en el diamante de cómicos y artistas que sólo por divertirse y divertir tomaban un guante para mostrar sus habilidades o incapacidades en el campo de juego.

Nuevamente sería Germán Valdés el que trajera el béisbol de regreso a sus películas, ya en la internacionalización y contando con fama y un público ávido de sus filmes en toda Latinoamérica, TinTán realizó en 1953 “El Mariachi desconocido” (Gilberto Martínez Solares) también conocida como “TinTán en La Habana” en la que la gran estrella de la comedia otra vez producto de enredos y un ataque de amnesia termina en el mismísimo Salón Tropicana de la capital cubana fingiendo ser un famoso pitcher que llevaba por nombre Kiko Guanabacoa.

El principio de una nueva década la de los años sesenta registra el declive del béisbol en la temática del cine mexicano, ya para entonces las grandes estrellas cubanas y afroamericanas se habían ido a brillar a las Ligas Mayores, sin embargo todavía estuvo presente en películas como “El Padrecito” (1960) del director Miguel M. Delgado con la presencia estelar de Cantinflas y el español Ángel Garaza, en la que el moderno padre (Cantinflas) que llegaba a un pueblo para cambar sus hábitos e injusticias, constantemente hacía referencia a sus feligreses de los Yankees de Nueva York y los Dodgers de Los Ángeles, o la comedia de 1961 “Pegando con tubo” que hiera la dupla de la comicidad blanca Viruta y Capulina.

Mención especial merece la película y casi documental de 1960 “Pequeños Gigantes” del director Hugo Butler, que habiendo tenido una importante carrera en Hollywood tuvo que huir a nuestro país como consecuencia de la persecución del macartismo que señaló de comunistas a una infinidad de talentosos miembros de la industria fílmica norteamericana. Dicha película contó por primera vez la historia del grupo de niños de 11 y 12 años oriundos de Monterrey, Nuevo León que prácticamente y de la nada, contra todas las posibilidades y designios lograron ganar el campeonato mundial de Ligas Infantiles en los Estados Unidos en 1957, un grupo de niños que con el tiempo dio incluso dos importantes jugadores del béisbol nacional Ángel Macías y Ricardo Treviño y el empresario y propietario de equipos de béisbol y gran impulsor del juego José Maíz García.

Nuestro cine y nuestro béisbol dos pilares de la cultura popular del país, dos formas de vida, de trabajo, de expresión y realización personal que he podido compartir en esta entrega.

CÍRCULO DE ESPERA

En los años recientes sólo el eterno promotor del deporte nacional, gran aficionado al béisbol y exitoso financiero originario de Monterrey Carlos Bremer ha llevado a la pantalla grande historias relativas al béisbol tanto en idioma inglés, como en español. Su participación en El juego perfecto (2009) que recreó nuevamente las hazañas del equipo regiomontano que en 1957 lograra ganar el campeonato de béisbol infantil en Williamsport, Pennsylvania fue decisiva para concretar el éxito que tuvo en la taquilla tanto en nuestro país como en Estados Unidos esa película varias veces rechazada y pospuesta por la falta de confianza que existía de parte de los inversionistas norteamericanos en la historia. Así como su posterior producción 108 costuras (2018) una película de corte nacional que fracasó en los cines por razones puntuales, entre las que destaca la falta verosimilitud de la historia y su acartonado triángulo amoroso que no pasó más allá del cliché. La película no obstante ubicarse en tiempo y espacio en la Serie del Caribe de 2013 que obtuvieron los Yaquis de Ciudad Obregón no logró emocionar al espectador también por el hecho de haber seleccionado como protagonista de la historia a Kuno Becker a quien habíamos visto triunfar convincentemente en Gol y sus secuelas como el centro delantero del Real Madrid. Ni el mejor actor, que Becker en honor a la verdad, dista de serlo, puede ser creíble para representar con éxito a un entusiasta jugador de fútbol y luego tratar de repetir ese ejercicio actoral en un campo de béisbol. Al inquieto y talentoso empresario regiomontano que no necesita de ideas, ni asesores y que seguramente estará pensando desde hace tiempo cómo reivindicarse en el séptimo arte le dejó un nombre y una historia muy nuestra y beisbolera que bien merece ser contada en la pantalla grande: Fernando Valenzuela.

casallena@live.com.mx

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