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Casa Llena

Diablos y Tigres una rivalidad en vías de extinción (Primera Parte)

Antonio Canseco

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“Las grandes rivalidades no tienen por qué basarse en el odio. Se basan en el respeto, en el respeto por la excelencia”

Mike Krzyzewski

En un abrir y cerrar de ojos los equipos de la Liga Mexicana de Béisbol han jugado ya 40 encuentros. La actual temporada se presenta como toda una realidad en la que destaca el importante número de managers que han sido despedidos de su trabajo; ya que a la fecha son ya ocho, los equipos que le han dado las gracias a su piloto y buscado un nuevo guía para sus novenas. El fenómeno por extraño y precipitado que parezca, nos alerta de la alta competitividad que existe actualmente en los equipos de la LMB, así como también, del deseo manifiesto de todas las escuadras de estar en la pelea por los primeros puestos. No dar ventaja, y no quedarse atrás en el standing, parecen ser las premisas que están poniendo en práctica los dueños de los equipos en este 2022.

Y mientras eso ha sucedido en los diamantes de la República Mexicana e incluso de los Estados Unidos por aquello de los Tecolotes de Dos Laredos, yo en me daré a la tarea culminar la serie de artículos que ofrecí dedicar a la Liga Mexicana de Béisbol haciendo mención y recuerdo de los equipos más ganadores que ha tenido nuestra Liga: Los Diablos Rojos del México y los Tigres originalmente de la Ciudad de México, pero que desde 2007 radican y tratan de hacer raíces en Cancún, Quintana Roo. Dos equipos que han sido protagonistas de nuestro béisbol, dos acérrimos rivales que son símbolo de excelencia en los diamantes, dos de las más longevas organizaciones de la Liga Mexicana de Béisbol, dos emblemáticas novenas que en su prolífica historia han dado lustre y distinción al béisbol mexicano gracias a las grandes estrellas y notables managers que han vestido sus franelas y sentido sus colores. Pero a la par dos equipos que por desgracia y debido a la mudanza de los Tigres de la capital del país han ido disminuyendo la pasión y rivalidad con la que se vivían habitualmente sus enfrentamientos en el Parque del Seguro Social, aquel estadio que compartían y que fuera por muchos, muchos años, su casa y campo de juego.

Empezaré por los Diablos que son el equipo más ganador de la Liga Mexicana de Béisbol, en su palmarés y sala de trofeos lucen radiantes los 16 campeonatos conseguidos hasta la fecha. Fueron originalmente conocidos como los Rojos del México cuando iniciaron su participación en la LMB en 1940 de la mano del también pionero y fundador de nuestra Liga Ernesto Carmona, que en su larga y destacada trayectoria en el béisbol nacional, también se distinguió por sus habilidades para manejar equipos desde el dugout. Carmona y el empresario Salvador Lutteroth que luego se convertiría en toda una institución y leyenda de la Lucha Libre en México fundaron el equipo que se avecindó en la capital del país, utilizando el mote de “Rojos” para contrastarse y a la par provocar cierta rivalidad con el equipo entonces consentido y favorito de los habitantes del todavía Distrito Federal los Azules del Veracruz cuyo propietario, a veces manager e líder indiscutible lo fue el empresario Jorge Pasquel. A ese nuevo equipo le tomó 16 años ganar su primer campeonato, no obstante que en sus primera década de existencia tres veces culminaron en el segundo lugar. En sus inicios los Rojos del México se distinguieron por ser un equipo de garra, cuyo signo distintivo era pelear hasta el final todos los encuentros, tan es así, que de esa característica les vino el sobrenombre de “Diablos” que los acompañado ya por tantas décadas gracias a una victoria lograda en 1942 contra el equipo Agrario (otra importante novena de aquellos años que jugaba en la Ciudad de México) en la que vinieron de atrás para conseguir milagrosamente un racimo de 7 carreras en la novena entrada con el que le dieron espectacularmente vuelta al encuentro, tras esa demostración el pitcher cubano del equipo Agrario Basilio “El Brujo” Rossell manifestó: “esos Rojos, juegan como Diablos.” y el resto, el resto dirían los clásicos, simplemente es historia.

Los Diablos Rojos del México tuvieron grandes peloteros desde su origen y primeras temporadas, el primero que debo mencionar Bill Wright, que en 1943 ganó la primera triple corona de bateo en la historia de la Liga Mexicana de Beisbol tras obtener un porcentaje de bateo de .366, conectar 17 jonrones y producir 70 carreras a lo largo de la campaña.

Otros destacados jugadores de aquellos primeros equipos del México capitalino fueron el cubano Roberto Ortiz, que en la temporada 1948 conectó de hit en 35 juegos consecutivos, o el jalisciense velocista Alfonso “La Tuza” Ramírez que fue proclamado el pitcher de la temporada 1949 con 17 ganados, un porcentaje de carreras limpias de 2.35 y 129 ponchados.

El primer campeonato llegó en el año 1956, ya en el Parque Deportivo del Seguro Social contando con la dirección del gran Lázaro Salazar, también conocido con el mote de “el Príncipe de Belén”. Esa temporada, otra gran estrella de la LMB Alonso Perry ganó la triple corona de bateo con .392 de promedio, 28 jonrones y 118 producidas. La mancuerna perfecta fue el brazo privilegiado del potosino Panchillo Ramírez, quien tuvo récord de 20 juegos ganados por tan sólo 3 derrotas.

Pero tras la gloria, al equipo escarlata le vino una de sus peores tragedias en la temporada de 1957 pues su manager el cubano Lázaro Salazar sufrió un derrame cerebral cuando se jugaba la octava entrada de un encuentro contra los Industriales de Monterrey. El timonel fue trasladado al hospital, pero lamentablemente falleció al siguiente día, contando con tan sólo 44 años de edad, ese fue uno duro golpe del que el equipo no se recuperó el resto de la temporada.

Ya para entonces, los Diablos compartían su estadio con un equipo que literalmente nació campeón y del que habré de referirme a cabalidad en la segunda parte de este relato: Los Tigres Capitalinos. Los cuales a querer o no, han sido el némesis de los escarlatas, su rival y contrincante. Tan es así, que no puede entenderse la historia de la LMB y de estos dos equipos sin la rivalidad deportiva que los une. Los clásicos Tigres contra Diablos, la también llamada “Guerra Civil”, provocaba que invariablemente se llenara el parque del Seguro Social y que en forma por demás civilizada al sentir los colores de su equipo los asistentes al parque se dividieran sus tribunas. Si se era Diablo, obligado era sentarse del lado de primera base y del jardín derecho, mientras que si la afición y pasión era por los Tigres que utilizaban en casa y lo siguen haciendo ahora en Cancún un uniforme idéntico al de los Yankees de Nueva York no había otra opción más que sentarse por la raya de tercera y el jardín izquierdo. De ese tamaño era la pasión y la afición de los habitantes mayormente de la Ciudad de México por sus equipos.

Pero regreso a los Diablos y sus logros, el segundo campeonato llegó en 1964 bajo el mando del llamado “Sargento Metralla”, el texano Tomás Herrera quien se coronó en apenas su segunda campaña como manager del equipo y luego, en 1968, repitió la hazaña. Destacaron en esas temporadas el gran tercera base Leo Rodríguez, además de Miguel Fernández Becerril, Harry “Petacas” Simpson, un notable bateador norteamericano que esa temporada bateó .306, con 18 jonrones y 69 producidas, así como el veracruzano Ramón Arano, legendario pitcher de mil batallas y que en aquellos años apenas iniciaba su andar por los diamantes.

La gloria del México y su vínculo con la afición vino precisamente en aquellas temporadas de los años sesenta donde surgieron grandes nombres y baluartes del equipo como: Alfredo “Zurdo” Ortiz, o el jardinero central Ramón “Diablo” Montoya, el del gran bate y de las atrapadas imposibles; el receptor de grandes cualidades y ya fallecido Francisco “Paquín” Estrada, Moi Camacho, Felipe Leal, “Toche” Peláez, Heriberto Ruelas, el “Camarón” Álvarez y en 1968, cuando llegó el tercer campeonato, la adición del fantástico relevista Aurelio López, el “Buitre” de Tecamachalco, Puebla, que incluso logró emigrar al mejor béisbol del mundo y en el año 1984 obtuviera la Serie Mundial defendiendo la exitosamente la franela de los Tigres de Detroit.

El cuarto campeonato de Diablos llegó por la vía de los playoffs en 1973, dirigidos por el cubano Wilfredo Calviño. Los extranjeros destacados de esa temporada fueron el panameño Adolfo Phillips y el lanzador cubano Pedro Ramos (14-4) con un porcentaje de carreras limpias de 2.36. La década del setenta también traería gloria al México, que tuvo un equipo de ensueño donde destacaron jugadores de la talla del primer bat Miguel Suárez, el gran segunda base Ramón “Abulón” Hernández, Abelardo “Cachorro” Vega que jugaba la tercera base y por su puesto contando en el montículo con el gran Enrique “El Huevo” Romo que también lograría un anillo de Serie Mundial en 1979 como parte de aquel brillante equipo, de los Piratas de Pittsburgh también conocido como “La Familia.”

El quinto campeonato llegó al año siguiente, aunque con un nuevo manager y que hizo su propia historia: Benjamín “Cananea” Reyes, a la sazón el manager más ganador de campeonatos del equipo y un inmortal del club escarlata y del béisbol de México. Aquella del 74 fue una temporada memorable para los Diablos pues adicionaron a su plantel al catcher sonorense Sergio “Kaliman” Robles, lo que reforzó la calidad defensiva del equipo gracias a su potente brazo, gran habilidad de manos y espectaculares atrapadas y jugadas en home que habitualmente incluían arriesgar el físico, gestos deportivos que lo convirtieron en un ídolo de la afición escarlata.

Benjamín “Cananea” Reyes fue un personaje de los diamantes, su personal estilo de manejar, de enfrentar a los rivales, a los umpires e incluso al público se tradujeron en temporadas de éxito, excelencia y prestigio para los Diablos. En 1976 volvieron a ganar el campeonato convirtiendo a los Diablos Rojos del México desde ese entonces en el equipo con más trofeos de campeón de la Liga Mexicana de Beisbol al lograr su sexta victoria. Ese campeonato vio brillar al llamado “Mr. Playoff”, el norteamericano Pat Bourque, quien bateó .361 y produjo 93 carreras, así como a su paisano Ted Ford que no se quedó atrás con un porcentaje de .329 y 91 carreras producidas. Mientras que la dupla estelar del montículo de los Diablos dominaba a los rivales: Enrique ”El Huevo” Romo que ganó 20 juegos y Aurelio López que se apuntó 16 salvamentos en esa temporada que dominaron de principio a fin.

La década de los ochenta trajo a los Diablos a uno de los peloteros más importantes en la historia de la franquicia capitalina y de la LMB. El jugador que llegó a convertirse en el bateador que rompió el récord de más cuadrangulares en la LMB del gran Héctor Espino, el gran tercera base y mejor bateador proveniente del estado de Campeche: Nelson Barrera.

En 1981, que constituyó la temporada del séptimo campeonato, Diablos cambiaron de manos y directivos con la llegada de Roberto Mansur Galán, quién contrató al manager dominicano Winston Llenas. En esa temporada, Diablos uvo fuerza ofensiva de la mano del norteamericano Jerry Hairston, líder productor con 73 empujadas, pero donde también fueron de destacado juego y presencia: Jesús Sommers, Bobby Rodríguez y los lanzadores Maximino León y Salomé Barojas. Vale la pena señalar que esa temporada Diablos contó en sus filas con el “Superman de Chihuahua” Héctor Espino franela donde dio sus últimos batazos de jonrón.

Con el paso de los calendarios fue inminente el retiro de las grandes estrellas y referentes del equipo, pero una nueva camada de peloteros de sangre y sepa escarlata llegó de la mano del segunda base Armando “Agujita” Sánchez, del primera base el norteamericano Lorenzo Bundy, del lanzador abridor Luis Fernando Méndez y del veloz jardinero central veracruzano que rompería varios récords de la Liga durante su prolífica carrera con los Diablos Daniel Fernández.

El año del temblor, 1985, trajo el segundo campeonato de la era Mansur y octavo del equipo, con el regreso de Benjamín “Cananea” Reyes al timón del equipo. En esa temporada Lorenzo Bundy bateó para .366 y produjo 77 carreras, pero donde también también destacó el bate de su compatriota John Cangelosi. En la loma de las responsabilidades destacaron esa temporada los brazos de Luis Fernando Méndez, Ricardo Solís y Maximino León. Sin embargo, pese al campeonato la tragedia del 19 de septiembre de ese año marco la temporada y definió en los siguientes años el destino del Parque del Seguro Social.

Los Diablos de la mano de su manager Benjamín “Cananea” Reyes ligaron campeonatos en las temporadas 1987 y 1988. El líder de esos dos campeonatos fue indiscutiblemente Nelson Barrera, que produjo 134 y 124 carreras en cada temporada. Y donde la habitual presencia de Salomé Barojas para cerrar los encuentros y preservar las victorias fue el común denominador. Quienes asistimos al parque en esos años, nos acostumbramos a escuchar a ritmo de salsa aquella tonada que producía el Zerillo y su Orquesta, mientras Barojas estaba en la loma de las responsabilidades de: “Oye Salomé, ya pónchalo, ya pónchalo” parafraseando la canción Falsaria que hiciera todo un éxito Pepe Arévalo y sus mulatos y que originalmente decía: “Oye salomé, perdónala, perdónala…”

Tras esas grandes temporadas el equipo nuevamente resintió el cambio generacional, para los Diablos no hubo entonces los relevos y estrellas que se esperaban y se generó una larga ausencia de triunfos. Fue hasta el año de 1994, año en el que el propietario del club Roberto Mansur se asoció con el Contador Alfredo Harp Helú para iniciar una nueva etapa de los escarlata que se obtuvo la siguiente corona. Esa temporada llegaron jugadores como Vicente “Manos Mágicas” Verdugo a las paradas cortas, el lanzador zurdo Roberto “Metralleta” Ramírez, el pitcher que permaneció en el equipo durante veinte temporadas y que posee el mejor récord de ganados y perdidos de la LMB (.664), así como el receptor Homar Rojas –aclaro que no es un error ortográfico, así escribe su nombre el actual manager de los campeones defensores Toros de Tijuana- y sin lugar a dudas el talentoso bate del dominicano Bernardo Tatis, que incluso esa temporada y emulando al maestro Martín Dihigo, jugó en un encuentro contra los Piratas de Campeche las nueve posiciones e incluso obtuvo el salvamento de aquel encuentro. El manager de ese equipo campeón lo fue Marco Antonio Vázquez que además tuvo el apoyo de los lanzadores el también ligamayorista Elmer Dessens y del velocísimo Luis Arredondo y de esta forma obtener undécimo trofeo de campeón.

El manager Marco Antonio Vázquez dirigió al equipo hasta la temporada 1999, aquellas fueron campañas de gran béisbol y espectáculo para los aficionados de los Diablos Rojos del México, en mayor medida gracias a la presencia del formidable bateador Ty Gainey, ganador de la triple corona de bateo y poseedor de varios récords de la LMB, entre ellos el del porcentaje de bateo más alto en una temporada de 116 juegos con un espectacular e irrepetible (.411) en 1995 y el porcentaje de slugging más alto en esa misma temporada de (.775).

Los lanzadores del México, fueron de época, encabezados por el exligamayorista y que lamentablemente cayera en desgracia Esteban Loaiza, además de Octavio Álvarez, Leo Moreno, Nathanael Reyes y Cupertino León. El cuadro contó con el liderazgo y la presencia del legendario short stop José Luis “Borrego” Sandoval, toda una figura y referente del equipo.

La llegada del nuevo siglo y milenio trajo consigo notorios cambios para los Diablos Rojos, un nuevo estadio y la pérdida de afición como consecuencia de la mudanza, pues a querer o no ese fue el resultado de su llegada al anticlimático Foro Sol, como consecuencia de la venta y desaparición del Parque del Seguro Social. El nuevo estadio cercano al aeropuerto nunca terminó por ser su casa, ni tampoco un lugar cómodo para jugar o apreciar el béisbol, su pasto artificial fue otra de las incomodidades que tuvieron que sortearse. En esa nueva y forzada realidad otro grupo de jugadores encabezados por Pedro Orlando Castellano, Víctor “Flamingo” Bojórquez, el tercera base Ray Martínez y catcher Miguel Ojeda vinieron a refrescar el roster del equipo.

En 2002 y 2003 los Diablos obtuvo un bicampeonato de la Liga gracias a la brillante dirección de Bernie Tatis. En el campo de juego importante fue la presencia de Félix José, así como Óscar Robles y del panameño y ex Yankee de Nueva York Roberto Kelly, mientras que en montículo destacó el pitcher norteamericano Bronswell Patrick.

Tuvieron que pasar otras cinco temporadas, algunas frustrantes para los aficionados, antes de volver a hacerse del campeonato. Fue en el año 2008 en la temporada de novato como manager del otrora estella del jardín central escarlata Daniel Fernández, que los Diablos lograron el decimoquinto campeonato de su historia.

Curiosamente el último campeonato de los Diablos, coinicdió con su último año en el Foro Sol, es decir, en la temporada de 2014. Bajo la dirección de Miguel Ojeda, y ya contando con una renovada novena en la que destacaban: Emmanuel Ávila, el sonorense Ramón Urías que actualmente triunfa y hace una importante carrera en la MLB con el equipo de Baltimore, Carlos Figueroa, Jesús Fabela, el “Haper” Gamboa, Alex Ortiz, Yair Lozoya y Efrén Delgado, se logró el título.

Después de un breve periodo en que los escarlatas tuvieron como su casa el pequeño, pero acogedor Estadio Fray Nano, los Diablos Rojos del México ya bajo la administración y propiedad en excluisva del Contador Alfredo Harp Helú llegaron a su actual sede el el magnífico Estadio Alfredo Harp Helú, uno de los más modernos del país, un estadio hecho para un equipo grande como lo son los Diablos en el que jugadores y afición esperan repetir las hazañas y los triunfos como los que hoy brevemente les he narrado.

CÍRCULO DE ESPERA

Por segundo año consecutivo la MLB celebró el pasado 2 de junio el denominado día de Lou Gehrig. Un merecido y justo homenaje que han decidido hacer una tradición las Grandes Ligas a uno de los mayores exponentes del béisbol de todos los tiempos. Se trata de un ejercicio que invita al recuerdo, que ejercita la memoria, que exalta y engrandece los méritos deportivos y personales del único e irrepetible Lou Gehrig. Méritos deportivos, gestos humanitarios, profesionalismo y amor por el juego, así como respeto a la afición son los rasgos tangibles de su presencia en los diamantes. Gehrig fue y será sin lugar a dudas un jugador de excelencia, un hombre digno, leal, lleno de pundonor y por tanto un modelo a seguir para las actuales generaciones de peloteros que poco o casi nada conocen de él, como de sus hazañas deportivas e imbatible carácter. Definitivamente cuando los jugadores de los 30 equipos que conforman el mejor béisbol del mundo salen al campo de juego y portan en sus uniformes el nombre de esa gran estrella y el número (4) que portaba en su uniforme el gran primera base, capitán y estrella de los Yankees de Nueva York algo bueno, muy bueno estará sucediendo en los terrenos de juego. Larga vida al “Caballo de Hierro.” Un héroe de carne y hueso del béisbol mundial.

casallena@live.com.mx

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