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Casa Llena

Ayer y hoy del Juego de Estrellas

Antonio Canseco

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“Me pregunto si las estrellas se iluminan con el fin de que algún día, cada uno pueda encontrar la suya”

Antoine de Saint-Exupéry

El Juego de Estrellas del béisbol es una de las invenciones más afortunadas que haya promovido y desarrollado las Ligas Mayores. Tener la oportunidad de disfrutar de un partido de béisbol -aunque sea de exhibición y sin ninguna trascendencia aparente- en el que se reúne a los mejores jugadores y talentos del béisbol organizado es un lujo tanto para los jugadores que participan en él, como para los aficionados que lo disfrutamos.

Debo decir querido lector, en honor a la verdad, que como cientos de cosas que ocurren en la vida, el denominado All Star Game surgió con otra finalidad y propósito, pues aquel primer encuentro que tuvo lugar en 1933 en el Parque Comiskey, la casa de los Medias Blancas, fue gracias al impulso del periodista deportivo Arch Ward del ChicagoTribune, quien planteó y logró concretar la realización de lo que en teoría sería un único juego de exhibición como parte de los festejos de la Feria Mundial que en aquel año tuvo como sede a la ciudad de Chicago.

En esa primera ocasión, se enfrentaron los mejores jugadores de la Liga Americana en contra de los más destacados miembros de la Liga Nacional contando con la presencia de jugadores de la talla y calibre de Babe Ruth, Lou Gehrig, Jimmie Foxx, Al Simmons, Lefty Gomez, Lefty Groove, Frankie Frisch, Pepper Martin, Carl Hubbell, Bill Hallahan y Wally Berger, muchos de ellos, hoy distinguidos miembros del Salón de la Fama del Béisbol.

Esas dos novenas de altísima calidad, por si fuera poco, contaron con la dirección de los dos más grandes estrategas de la historia de este deporte, el elegante y distinguido manager de los Atléticos de Filadelfia Connie Mack, y el llamado “Napoleón del béisbol”, John McGraw, en aquella temporada y por muchas otras el manager de los Gigantes de Nueva York. El histórico encuentro vio imponerse al equipo de la Liga Americana por 4 carreras a 2 al de la Nacional, en buena medida gracias al también histórico primer cuadrangular que se dio en esta clase de encuentros y que no pudo salir más que del bate del icónico y legendario Babe Ruth.

Fueron tantas y tan importantes las repercusiones de esa exitosa exhibición, que no fue complicado ni difícil para el Comisionado Kenesaw Landis, convencer a los dueños de los equipos de repetir anualmente el encuentro con objeto de reconocer y exaltar a los mejores jugadores de cada campaña y a la par hacer una pausa y respiro en el calendario de juegos precisamente en el ecuador de la temporada.

Tal vez por el hecho de que hoy en día se trata de una tradición bien arraigada, me llené de preocupación la noche del pasado domingo al leer con incredulidad que en un hotel cercano al parque de los Rockies de Colorado, había sido detenido un grupo de personas que contaban en sus habitaciones con un arsenal de cartuchos y armas largas con los que pensaban realizar un atentado terrorista el día del juego; la gravedad del caso y sus posibles repercusiones me llevaron a pensar en forma inmediata en otras tragedias que han sucedido dentro y fuera de los Estados Unidos y que jamás quisiéramos que se volvieran a repetir, e incluso a recordar parte de la trama de la novela escrita al alimón por el ex presidente Bill Clinton y el escritor James Patterson, “The President is missing” (El presidente ha desaparecido) en el que tiene lugar un atentado terrorista durante la celebración de un juego de béisbol en el Estadio de los Nacionales de Washington y en el que el ficticio o imaginario presidente de los Estados Unidos, que asistía de incógnito al juego, logra sobrevivir al ataque terrorista gracias a la intervención del servicio secreto.

En esos momentos, incluso me llegué a preguntar ¿quién podría ser capaz de perpetrar un acto criminal y asesino de esa magnitud? Y mi respuesta por desgracia fue 'todos o cualquiera en estos momentos y más dada la importancia que a lo largo de los años ha generado el Juego de Estrellas'. Pues en esa clase de encuentros donde está garantizado el lleno del parque designado para el evento, donde es normal la presencia de destacados jugadores ya en el retiro o de celebridades nacidas o residentes de la ciudad y parque que hace las veces de anfitrión con la finalidad de lanzar la primera bola del juego, que pude entender la enorme caja de resonancia que un acto así hubiera provocado. Por fortuna, la amenaza fue contenida y evitado el daño que intentaban causar.

Pasado el susto el lunes tuvo lugar “El Derby de Cuadrangulares” que resulta año con año, más un espectáculo que una demostración de poder y bateo dadas las características propias de la competencia, pero que ampliamente disfrutan los aficionados. Debo resaltar que en el pequeño torneo a eliminación directa, fue realizado un merecido reconocimiento a uno de los más grandes bateadores de la historia del béisbol, Hank Aaron, quien falleció a principios de este año; pues en su honor y recuerdo todos los participantes portaron en sus uniformes el característico número 44 que lo distinguió tanto en Atlanta, como en Milwaukee. En la celebración a la postre resultó vencedor por segunda ocasión consecutiva Pete Alonso, de los Mets de Nueva York.

Ya el martes y previo al inicio del juego, tuvo lugar la ceremonia del lanzamiento de la primera bola, que esta vez correspondió a Peyton Manning, el mariscal de campo en retiro de Indianapolis y Denver, algo que en lo personal me sorprendió, ya que el candidato natural para lanzar esa primera no era otro más que el canadiense y próximo miembro del Salón de la Fama, Larry Walker, quien tuviera destacadas temporadas vistiendo la franela de los Rockies de Colorado. 

Se trata de una distinción que incluso ha estado a cargo de presidentes de los Estados Unidos, como en el caso de Franklin Delano Roosevelt quién en el Estadio Griffith de la capital de los Estados Unidos hiciera el lanzamiento de la primera bola en la Temporada 1937, o el también presidente emanado del partido demócrata John F. Kennedy que realizó el lanzamiento de la primera bola en el recién inaugurado Estadio D.C. de Washington en el All Star de 1962. Siendo el también demócrata y abogado egresado de Harvard, Barak Obama, el último presidente en participar en esta actividad, en su caso en la Temporada 2009 en el Estadio Busch de los Cardenales de San Luis.

Sólidas y grandes estrellas han dejado su huella y nombre en esta clase de encuentros para el deleite de los aficionados. Por ello, merecen ser recordadas hazañas deportivas como el legendario homerun de Ted Williams para dejar en el terreno al equipo de la Liga Nacional en 1941, o la presencia por primera vez de las tres estrellas afroamericanas de los Dodgers de Brooklyn en el juego de la temporada de 1949, Jackie Robinson, Roy Campanella y Don Newcombe, o la carrera anotada por Pete Rose para ganar el encuentro a favor de la Liga Nacional en la décima segunda entrada del juego del año 1970 en la que al llegar al plato materialmente embistió al cátcher Ray Fosse, o el descomunal cuadrangular conectado por el entonces atlético de Oakland, Reggie Jackson, en el juego de 1971 que incluso rompió una de las lámparas de alumbrado del estadio de los Tigres de Detroit, o el cuadrangular de campo que conectó el japonés Ichiro Suzuki con el uniforme de los Marineros de Seattle en 2007 y ni que decir de la última aparición de Mariano Rivera, el máximo salvador de encuentros de las Ligas Mayores, a quién en forma emotiva y espontánea le aplaudieron de pie sus compañeros de equipo y rivales esa noche antes de iniciar su labor en la octava entrada del juego que tuvo lugar en el City Field, la nueva casa de los Mets de Nueva York en 2013.

Si bien, esas hazañas y muchos otros logros siempre deben ser recordados, no significa que debemos idealizar el Juego de Estrellas, pues claro es, que no todo ha sido éxito y aciertos en esta clase de encuentros.

En su larga y prolongada historia han existido graves tropiezos y costosos errores, para muestra la vergonzosa definición de empate a 7 carreras en 11 entradas en el juego de la Temporada 2002 por haber agotado ambos equipos sus cambios y no contar con suficientes jugadores para continuar el encuentro con la calidad que merecían los asistentes al parque y los cientos de miles de espectadores a través de la televisión y que tuvo lugar en el entonces denominado Miller Park de los Cerveceros de Milwaukee, un acontecimiento que generó un profundo malestar y la decepción en la afición que vio incrédula como los equipos se retiraban sin definir a un ganador y que provocó que las Grandes Ligas se vieran forzadas a establecer que en los subsecuentes años que se otorgará la ventaja de abrir como equipo local en la Serie Mundial al equipo de la Liga que hubiese ganado el Juego de Estrellas de dicha campaña, a manera de extraña, pero fallida compensación por lo ocurrido en el encuentro ya relatado.

Lo que me lleva también a recordar que en dos ocasiones el Juego de Estrellas tuvo que ser cancelado tal y como sucedió en la temporada de 1945 a consecuencia de la Segunda Guerra Mundial o el juego del año pasado que no tuvo lugar como resultado de la pandemia del Covid-19. No cabe duda que las dificultades y contratiempos siempre existirán, este año ya iniciada la temporada hubo un abrupto cambio de sede, el juego originalmente programado para que tuviera lugar en el nuevo estadio de los Bravos de Atlanta, pero que una polémica decisión legislativa del estado de Georgia provocó una controversia política y social que generóla decisión de las Ligas Mayores de cambiar el sede a la Ciudad de Denver, incluso con el beneplácito del actual presidente norteamericano JoeBiden.

Si de aciertos se trata, sin duda alguna, el hecho de que en la actualidad la mayoría de los jugadores que participan en este encuentro sean seleccionados por el voto de los aficionados, es de resaltarse y aplaudirse, pues ademásde constituye una ingeniosa forma de integrar y vincular a los asistentes a los parques de pelota al juego; dado que esa gran responsabilidad de designar las alineaciones con excepción de ese juego en particular le corresponde día a día y juego tras juego a los 30 managers de los equipos que conforman la MLB, es sin duda alguna un regalo adicional para los aficionados.

Un esquema de selección que si bien ha empoderado a los fanáticos, también debemos entender y reconocer en muchas ocasiones ha evitado la participación de jugadores con grandes temporadas, pero que no cuentan con la popularidad y cariño global de los votantes, tal y como este año le ha sucedido al lanzador mexicano Julio Urías a la sazón el pitcher con más juegos ganados en esta temporada, pero que brilló por su ausencia la noche del martes en el montículo del Estadio Coors la casa de los Rockies de Colorado.

Sin embargo, hoy en día las cosas han cambiado, a grado tal que parece que el Juego de Estrellas se ha convertido en un producto que se vende, explota y comercializa en forma desmedida, donde los jugadores son objetos que se utilizan para vender mercancía, hacer publicidad y generar gracias a su presencia carretadas de dólares, y en donde el juego y la experiencia de vivirlo dentro y fuera del parque ha pasado por desgracia a segundo plano.

No cabe duda que en este momento, lo primero es el negocio, tal y como lo confirma la pasarela que han inventado los organizadores para presentar uno a uno a los jugadores que participan en el juego como si se tratara de artistas de cine entrando a una ceremonia de premiación o los extraños uniformes que vistieron ambos equipos en el juego de la noche del pasado martes en Denver, pues ni los de la Nacional que fungían de locales, ni los de la Americana en calidad de visitantes portaron el uniforme y la gorra del equipo del que proceden como tradicionalmente se hacía, y en cambio jugaron vistiendo unos extraños confeccionados para la ocasión, que más bien parecían pijamas infantiles de súper héroes por el diseño y ajustado talle que lucían, pero cuyas miles de réplicas seguramente se vendieron y venderán en los próximos días como pan caliente tanto en los estadios, como a través del comercio electrónico a lo largo y ancho de los Estados Unidos.

En el encuentro, que todavía debe ser lo más importante por comentar, el equipo de la Liga Americana se impuso por octava vez consecutiva al conjunto de la Liga Nacional, esta vez por marcador de 5-2, llevándose la victoria el lanzador y bateador japonés Shohei Ohtani, una de las presencias más esperadas de la noche. Aunque el que se llevó todos los reflectores y reconocimientos fue el joven primera base de los Azulejos de Toronto, de nacionalidad dominicana, Vladimir Guerrero hijo, al ser el Jugador Más Valioso del encuentro gracias al cuadrangular bateado y sus dos carreras empujadas. Dicen que la vida se pasa volando y vaya que Guerrero jr. lo confirma, pues hace tan solo unos años cuando era un pequeño y robusto niño que solía acompañar a esa clase de encuentros a su padre, el ahora miembro del Salón de la Fama, Vladimir Guerrero.

Entre los logros del ayer y la realidad de hoy, concluyo que en el juego de pelota las dinastías se forman a base de esfuerzo y méritos propios como lo ha demostrado Vladimir Guerrero hijo, y respecto al Juego de Estrellas, afirmo que pese a los excesos de comercialización de los últimos años, se debe celebrar la continuidad del eveto pues ha servido para honrar destacadas carreras aún en el campo de juego e inspirar muchas más que apenas inician en las ligas infantiles,un largo recorrido que con talento, trabajo y dedicación les permitirá ser algún día las nuevas estrellas del diamante.

casallena@live.com.mx

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