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Casa Llena

Los buscadores de talento

Antonio Canseco

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“Una intuición afortunada nunca es tan sólo cuestión de suerte. Siempre hay algo de talento en ello”

Jane Austen

Deseaba hace algún tiempo escribir acerca de los buscadores de talento, también conocidos en el mundo del béisbol como “scouts” cuya traducción literal al español sería la de explorador, aunque aclaro se trata de un vocablo con otras acepciones, por lo que también significa en idioma inglés “hacer algún tipo de reconocimiento”, que sería la interpretación más adecuada y precisa para la actividad que desempeñan estos estudiosos y profundos conocedores del juego de pelota.

No puedo negar que el reciente fallecimiento del buscador de talento Mike Brito haya sido el motor que me impulsó a preparar este texto, pues a decir verdad, la vida y logros de los buscadores de talento en el béisbol mundial difícilmente se conocen y menos aún se promueven a pesar de que su labor ha sido fundamental y decisiva para proyectar cientos de carreras de beisbolistas profesionales; se trata para decirlo en otros términos, de un trabajo muy necesario, pero poco difundido y reconocido.

Muchos de ustedes seguramente se preguntarán ¿qué hace un scout? O ¿qué se requiere para ser un buscador de talento profesional? Yo francamente les diré que se necesita una admirable capacidad de observación, poseer un espíritu aventurero y paciencia, mucha paciencia. Además de ser estrictamente indispensable el haber acumulado sobre los hombros un importante cúmulo de conocimiento del juego, pero en mi opinión existen otros dos factores que definen en gran medida su labor y son el ser poseedores de una enorme intuición, es decir, ser capaces de ver, lo que la gran mayoría no somos capaces de observar y tener un profundo amor por el juego de pelota.

Alrededor del béisbol profesional existen muchas personas con suficientes conocimientos teóricos y prácticos para detectar talento, pero se trata de un trabajo eminentemente de campo, que implica absoluta presencia y constante validación. Se trata de una ardua labor que obliga a quién la realiza a viajar y desplazarse continuamente, a no dormir en casa, ni en los mejores hoteles, a mal comer en muchas ocasiones y por si fuera poco a vivir bajo la continúa presión de entregar resultados. Es por ello, que se trata de una profesión destinada a un grupo muy reducido de personas, que además de contar con las capacidades ya mencionadas indiscutiblemente deben de gozar y disfrutar el béisbol, pero sobre todo vivirlo con la humildad del que entiende que su tarea profesional y quehacer es uno más, de los cientos de engranes que mueven la enorme maquinaria que constituye el béisbol profesional.

Si encontrar talento en el mundo del béisbol fuese tarea sencilla o una actividad sustentada en una metodología plenamente definida, sería una actividad mecanizada y reducida a cumplir con ciertos parámetros de fortaleza física, estatura y peso para concretar el reclutamiento de los prospectos; por fortuna el béisbol, es mucho más que lanzar la pelota a 90 millas por hora, o medir un metro con ochenta centímetros de estatura, o pesar cerca de 90 kilos o correr los 180 pies, casi 60 yardas en menos de siete segundos. El talento, al menos en el béisbol se busca con los ojos bien abiertos y se consigue utilizando toda clase de métodos de trabajo y seguimiento.

El misterio que implica y representa descubrir o detectar las cualidades atléticas y deportivas de las personas es la difícil labor que tienen a cuestas los “scouts” o buscadores de talento, una tarea de absoluta contemplación, análisis y estudio de habilidades y conductas que permite determinar en la mayoría de las ocasiones quién cuenta con las aptitudes y herramientas necesarias para sobresalir en el competido mundo del béisbol. Insisto, sí la selección de talento se redujera a la estatura y el peso muy seguramente la hoy gran estrella de los Astros de Houston el segunda base venezolano José Altuve que ha podido destacar en el mejor béisbol del mundo con una estatura menor al 1.70 metros, jamás hubiera logrado integrarse a un equipo de la MLB.

Querido lector, descubrir talento en la mayoría de los casos es una tarea que va más allá de la primera impresión, muestra de ello fue lo ocurrido al scout Tom Greenwade, que al observar por primera vez a un joven prospecto de 17 años de edad en Omaha, Nebraska tuvo a bien realizar la siguiente anotación en su reporte: “era una especie de cosa pequeña y no había demasiado que ver en él.” Un lacónico diagnóstico que evidentemente descartaba cualquier posibilidad de contratación. Dos años más tarde y tras otras evaluaciones fue el mismo Greenwade quien insistió y convenció a los Yankees de Nueva York de que contrataran a aquel joven al que inicialmente no le había dado ninguna posibilidad de jugar en las Ligas Mayores. Ese jugador de béisbol se llamó: Mickey Mantle, quien a la postre resultó ser el mayor descubrimiento de su carrera como buscador y que brilló como pocos en las Ligas Mayores; para muestra el haber participado en 20 Juegos de Estrellas, el haber ganado 7 Series Mundiales, el haber sido nombrado 3 veces nombrado el Jugador más Valioso de la Liga Americana y el haber conectado 536 cuadrangulares siempre portando el número 7 en sus dorsales y que hoy en día es un indiscutible miembro del Salón de la Fama del Béisbol, un ídolo de la afición de los Yankees y un referente e ícono del béisbol norteamericano.

Pero así como hay historias de éxito, los buscadores de talento viven año tras año decepciones y fracasos, en muchas ocasiones los prospectos que seleccionan y contratan para un equipo de la MLB no terminan por crecer y desarrollarse, o incluso adaptarse a las necesidades y exigencias de las Ligas Mayores; otro importante grupo de prometedores jugadores de béisbol nunca logra el objetivo de debutar en las Grandes Ligas no obstante haber recibido apoyos económicos e importantes sumas de dinero e incluso atractivos contratos preliminares que muchas veces implican hasta el otorgamiento de una vivienda para el jugador y su familia con tal de evitar que otro equipo se haga de sus servicios. Así de caprichoso e imprevisible puede ser el camino al éxito en el mundo del béisbol tanto para los jugadores como para los buscadores de talento.

Vale la pena comentar que la MLB en reconocimiento a las aportaciones al juego de béisbol de los buscadores de talento instituyó hace algunos años el premio al buscador internacional del año. En la pasada temporada 2021 ese honor recayó en el experimentado “scout” Louie Eljaua que actualmente trabaja para organización de los Cachorros de Chicago, pero que hace tres décadas inició su labor con los Marlines de Miami. Entre el talento descubierto por Eljaua podemos contar a los cubanos Liván Hernández y Jorge Soler, los venezolanos Willson Contreras y Gleyber Torres, el dominicano Eloy Jiménez y el que sin lugar a dudas constituye su mayor descubrimiento, el futuro miembro del Salón de la Fama del Béisbol el venezolano Miguel Cabrera que al concluir la presente campaña habrá de retirarse del béisbol profesional con los Tigres de Detroit.

No quisiera concluir esta entrega sin hacer algunas precisiones con relación a la vida profesional del Mike Brito, quién jugó béisbol en su natal Cuba y posteriormente en los Estados Unidos pero que nunca logró llegar a las Ligas Mayores no obstante haber participado activamente en las sucursales de los Senadores de Washington antes de colgar los spikes. Cuando todo hubiese parecido haber acabado o concluido, para Brito resultó ser el inicio de una las carreras más brillantes y destacadas en la MLB, no como un jugador estelar de un equipo, sino como uno de los más reconocidos buscadores de talento de la historia del béisbol, toda una leyenda en la organización de los Dodgers de Los Ángeles a quién el mundo del béisbol le debe el haber descubierto y proyectado la carrera del gran lanzador zurdo Fernando Valenzuela.

Brito fue merecedor en 2014 del comentado premio del scout del año que otorga la MLB y en su larga lista de compatriotas que logró descubrir y llevar a las Grandes Ligas se encuentran entre otros: Antonio Osuna, Dennys Reyes, Juan Gabriel Castro, Karim García el lanzador tamaulipeco Ismael Valdez, el destacado relevista Joakim Soria y los actuales miembros de los Dodgers de Los Ángeles y ya campeones de Serie Mundial Julio Urías y Víctor González.

Así como resulta ser irrefutable que el controvertido empresario oriundo del estado de Veracruz Jorge Pasquel es hasta el día de hoy el dirigente y dueño de equipo que mayor talento extranjero haya traído al béisbol mexicano, también debemos afirmar y reconocer con agradecimiento que Mike Brito ha sido el mayor promotor y exportador de talento mexicano al mundo del béisbol. Personajes como él siempre se habrán de echar de menos. Lo vamos a extrañar y mucho no sólo por su singular presencia en los parques de pelota de México y el mundo invariablemente ataviado con su sombrero de Panamá, fumando uno de sus interminables puros y portando su inequívoca herramienta de trabajo: la pistola de radar para medir la velocidad de los lanzamientos de los pitchers que observaba o había descubierto, hasta que la tecnología dio vuelta a la turca y no fue más necesaria su utilización, sino también por la forma en que disfrutaba y gozaba el juego de pelota, pero sobretodo por su capacidad e intuición para descubrir talento y brindar una y otra vez oportunidades de éxito.

CÍRCULO DE ESPERA

Una gran fiesta y un excelente partido de béisbol constituyó el Juego de Estrellas de la MLB que materialmente parte en dos la temporada regular. Independientemente del resultado y la buena demostración de talento de los jugadores de ambas ligas, el encuentro representó para el béisbol mexicano un día redondo y significativo. 

En primer lugar por la presencia en el equipo titular de la Liga Americana del receptor oriundo de Tijuana, Alejandro Kirk, que ha tenido una gran campaña con los Azulejos de Toronto y que terminó con la racha de largos cinco años sin que hubiera participación de un jugador de nuestro país en esa clase de partidos. El también llamado “Capitán Kirk” en alusión al personaje que la legendaria serie de televisión “Viaje a las estrellas” que interpretó el canadiense William Shatner, se convirtió anoche en el primer cátcher mexicano en hacer el equipo en un Juego de Estrellas de la MLB. 

Aunado a lo anterior y como una de las sorpresas de la festiva jornada la máxima estrella del béisbol mexicano de todos los tiempos Fernando Valenzuela que participó en seis juegos de esa naturaleza a lo largo de su carrera, fue el encargado de lanzar la emotiva primera bola del encuentro en la que habitualmente fue su casa el estadio de los Dodgers, quedando para el recuerdo la imagen que unió al pasado (Valenzuela) y el presente (Kirk) del béisbol mexicano al haber recibido del sonorense el lanzamiento protocolario.

casallena@live.com.mx

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